La Familia Goyáz en el Comercio Marítimo

Los Protocolos de Sevilla listan una veintena de compañías de mercaderes vizcaínos y guipuzcoanos que comerciaban con y dentro de esa ciudad entre 1569 y 1692. Acerca de las inversiones en los sectores de construcción naval, naviero y de pesca en Terra Nova durante aquellos años, se encontraban mercaderes de hierro vizcaínos y guipuzcoanos, entre ellos empresarios de las zonas del interior como Martín Sáez de Goyáz de Azpeitia (Gipuzkoa). En varias ocasiones, cargas de hierro fueron fletadas por Domingo de Goyáz, también de Azpeitia, quien entonces tenía una compañía con Juan Martínez de Altuna para la exportación de hierro a Sevilla, Andalucía y las Indias. En 1583 y 1584, Martín Sáez de Goyáz, también de Azpeitia (y pariente del antes mencionado Domingo de Goyáz), fletaba la nao Santiago de Zumaia hacia Sevilla con varias cargas de hierro.

El 27 de junio de 1585 Goyáz llegó a un acuerdo amistoso para el transporte de hierro en dos naos nuevas, La Trinidad y el Espíritu Santo, propiedad de Arteaga y de Martín de Elcano, y en la Nuestra Señora de Arridoquieta, propiedad de Arteaga e Íñigo de Elorriaga. Los maestres de las dos naos querían hacerse a la vela rápidamente rumbo a Sevilla, para poder incorporarse allí a la próxima flota de "Yndias de Tierrafirme", y acordaron transportar, sin cobrar flete alguno, todo el hierro que Goyáz y sus socios pudieran darles en los 15 o 20 días siguientes, para no tener que pagar el coste de cargar y descargar el lastre. En ese momento, Íñigo de Elorriaga no sabía que moriría en 1589 cuando su barco fue tomado por corsarios ingleses en la Carrera de las Indias.

La poderosa compañía comercial, formada en 1568 por Juan Martínez de Altuna, Domingo Sáez de Goyáz y Juan Rezusta, incluye en sus cuentas los gastos derivados del equipamiento de la casa donde debía residir el factor de la compañía y de la tienda abierta para la venta de productos de hierro. En 1571, el mercader de Azpeitia, Juan Martínez de Altuna, se encontraba en Sevilla liquidando las cuentas de la compañía con Domingo Sáez de Goyáz y Juan Rezusta. Otro fenecimiento de cuentas, esta vez de 1604, entre Magdalena Sáez de Goyáz y su hijo Francisco de Ygarza arroja cantidades en maravedís varias veces millonarias.

Un caso de participación significativa en los negocios marítimos fue el de Ana Vélez de Olazaga, viuda de Domingo Sáez de Goyáz, vecino de Azpeitia, quien actuaba junto con otra viuda, María Martínez de Lasalde, de Elgoibar. Estas dos mujeres eran dueñas de la mitad de una compañía comercial, en la que también participaban Juan Pérez de Altuna y Martín Sáez de Goyaz. Domingo había muerto en 1584, y en su testamento de 1602 Ana Vélez dice que "desde que el dicho mi marido fallesció abrá diez y ocho años, he trabajado lo mejor que he podido", entre otras cosas, facilitando a uno de sus hijos, Domingo Sáez de Goyáz, en cuenta de su legítima, 1,500 ducados para pasar a las Indias, sin duda para negociar con dicha hacienda.

Un buen ejemplo del funcionamiento de las compañías lo constituye el núcleo de poderosos mercaderes que se mueve en torno a Azpeitia: familias muy vinculadas al sector siderúrgico de la zona, que agrupan apellidos como Altuna, Goyáz, Rezusta, Ygarza, Zandategi, Arandia o Alzega. Entre estas familias, frecuentemente emparentadas entre sí, se organiza un tejido industrial y comercial de increíble dinamismo que repercute a gran escala en la economía vasca de la época.

En 1572, Francisco Ygarza otorga un poder a Juan Ochoa de Uranga, Martín García de Amezqueta y Domingo Sáez de Goyáz, residentes en Sevilla, a quienes encomienda gestionar ciertos negocios, mencionándose los maestres de naos encargados del transporte, y las cuentas especifican tanto los materiales con los que negocian, entre los que se nombran la cochinilla y los cueros, como los metales preciosos obtenidos, como plata y oro. (Nota: Una nao es una embarcación histórica de gran tamaño, con casco redonDifuntoo, un solo mastil y velas cuadradas, diseñada especialmente para el comercio marítimo y las exploraciones transoceánicas durante los siglos XV y XVI).

Más de una década después, Martín Sáez de Goyáz, mercader de Azpeitia, por sí y en nombre de sus socios, se pone en contacto con varios maestres en la ría de Zumaia. El asunto consistía en que dichos maestres disponían de barcos que, lastrados con piedra, iban a ser transportados a Sevilla, "por alcanzar a la flota que al presente se va aprestando en la dicha ciudad de Sevilla para las Indias de tierra firme", lo cual hay que interpretar como que eran barcos destinados a ser vendidos a los implicados en el tráfico americano.

A eso de 1595, se observa un comportamiento interesante en el fletamento de las naos llamadas Santiago y Santa Cruz, de las que era dueño el capitán San Juan de Olazábal. Éste promete enviar a Sevilla, bien armadas, cada una de las dos naves, dotando a ambas de 65 marineros y 65 mosquetes y arcabuces, además de ocho quintales de pólvora para cada embarcación. Los mercaderes son importantes: Juan de Zabala, vecino de Bergara; Juan Ochoa de Arriola; Juan de Goyáz; y Pedro de Solarte, cada uno de los cuales aporta entre 300 y 700 quintales de hierro. Da la impresión de que los viajes se vuelven más selectivos en tiempos de peligro evidente, al menos por parte de los mercaderes importantes, que se alían con capitanes experimentados y con dueños de barcos poderosos.

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Guía de Investigación para el Apellido Goyáz y sus Variantes.

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